
Una voz eterna hasta la emoción
La cantante María Dolores Pradera deleitó a mayores y pequeños en el concierto que ofreció el pasado domingo dentro de las celebraciones de la Virxe da Xunqueira
Xulio Fernández / Carballo/La voz / 17/8/2010
Su esbelta silueta se distinguía con el mismo esplendor con que lo hacen las tallas de esas imágenes que, aún con el paso del tiempo, conservan intacto el poder de su fe. Con la misma esperanza que se deposita en una figura que, en ocasiones, termina por convertirse en santa de devoción para muchas personas.
Y la figura respondió como se esperaba. Ataviada de blanco puro, cincelada con un moño en la eterna cumbre de su carrera, María Dolores Pradera apreciaba desde lo alto del escenario la pasión de los miles de espectadores que se acercaron el pasado domingo hasta la praza Domingo Antonio de Andrade para escuchar el concierto que ofreció en la penúltima jornada de las fiestas patronales de Cee.
Un recital con el que la madrileña se cubría, minuto a minuto, con el manto cariñoso que le bordaban tanto mayores como jóvenes, que cantaban los temas de siempre a través de un festival de emociones que permitieron viajar al pasado a una plaza totalmente entregada.
La cantante abrió el concierto interpretando temas de enjundia nacional e internacional, entre los que destacaron los del compositor argentino Atahulpa Yupanqui. Poco a poco, la octogenaria deleitaba al público con piezas más populares. Regalos del recuerdo y para el recuerdo que, sin embargo, parecían estar recién esculpidos gracias a su voz inconfundible y de unas dotes interpretativas que se han hecho incluso más expresivas con el paso de los años. Detalles que para el público no pasaron, ni mucho menos, desapercibidos.
Los boleros que interpretó a continuación, como Camino verde, abrieron inmediatamente la senda de la comunión con el respetable, que se vistió de melancolía y arropó cada pieza con bailes pegados y danzas de abrazos. La hilera de baladas y los temas que representó y con los que recordó la memoria de Carlos Cano emancipó por fin un estruendo de emociones, esculpidas con comentarios como «isto si que é unha artista» o «gracias, Dolores», que se podían oír desde el graderío.
Pasaba ya la hora y media de concierto y los espectadores pedían todavía más música. Pradera dedicó unas palabras al público por el cariño mostrado y aprovechó para agradecer al alcalde de la localidad, Ramón Vigo, que la hubiera llevado hasta Cee.
Entre la cuarta o quinta canción de propina, alguien pidió una ranchera y, en seguida, la artista se arrancó con la archiconocida El rey que sonaría después hasta altas horas de la madrugada.
Este domingo, el pueblo se unió en torno a espectáculo inolvidable. Hasta el párroco de la localidad no se lo quiso perder y siguió el concierto desde la ventana de la rectoral. Porque esa noche, parecía como si la Virxe da Xunqueira hubiese salido del retablo de la iglesia para subirse a un escenario. Y es que, vaya donde vaya, Dolores es eterna hasta la emoción.