
Para perder los nervios
Los primeros que llegan se denominan “de leche”, que traen premio a través del Ratoncito Pérez. Más tarde nace una retahíla de incisivos, caninos, molares y premolares, que componen la parte superior e inferior de la boca. A estas alturas el premio no es otro que salir de la consulta del dentista lo antes posible, una victoria que se traduce año tras año en “simples revisiones”: cero caries, cero empastes, pero una revisión anual. Sin embargo, pese a tener un historial envidiable, alguien puede verse envuelto de repente en un problema.
Normalmente, entre los 17 y 21 años, aparecen las muelas del juicio. Algo así como las temidas visitas de la suegra, que se sabe que finalmente llegan. En algunos casos las visitas son silenciosas y uno ni siquiera se entera, pero en muchos otros el deseo es que esos dolores desaparezcan cuanto antes. Tradicionalmente reciben este nombre porque se presentan cuando se supone que la persona tiene ya un “cierto juicio”. Se podría decir que la persona termina por pasar una prueba culminante, aquella en la que se da el visto bueno a una relación bucal profunda… y, por el bien de uno, definitiva. Lo anhelado es evitar la sentencia propuesta por la acusación particular: siempre es mejor llegar a un mal acuerdo que a un buen juicio.
La mayor pretensión de un paciente con molestias es siempre alejarse lo máximo posible de una intervención odontológica, a no ser que no quede más remedio, ya que cualquier operación soporta unos riesgos. Muchas veces el paciente no es avisado de las consecuencias que puede tener la anestesia que se le aplica para que sobrelleve mejor su contratiempo, en este caso, el relacionado con el juicio de sus muelas. Si los nervios salen dañados, perjudicados, los síntomas pueden ser desde una leve dolencia (muela fantasma), semejante al dolor de cabeza que puede provocar la visita de la suegra, hasta una pérdida de sensibilidad en los labios que, incluso, puede conducir a la falta de control del movimiento, quedando éstos caídos, estáticos. En este caso la suegra habrá conseguido paralizar al paciente, aniquilarlo por completo, porque le habrá borrado la sensación de cualquier beso futuro.