
La ciudad retoma las pulsaciones de la época que la vio nacer
Víctor Cacho | Santiago – Fecha de publicación: 5/7/2009
Las calles del casco antiguo de Santiago se contextualizan. Siglos después del descubrimiento de la tumba del Apóstol bajo un sideral Campus Stellae, la era del medievo renace en la capital para vestirla de gala e historia en su propio nombre. El color del entusiasmo respira en cada retina, y el olor, a cada instante, retumba con mayor vehemencia en los paladares de los visitantes que se acercan a la feria.
La plaza de A Quintana, de A Inmaculada, Cervantes y San Miguel, y las rúas da Troia y da Acibechería están condimentadas con puestos gastronómicos y arregladas de talleres de orfebrería, madera y artesanía. Cada rincón de la zona vieja cuenta, con todo lujo de detalles, los quehaceres de los gremios que se repartían por la ciudad en el siglo noveno. Adornos y bisutería maquillan los rasgos multiculturales que dan a este destino turístico su carácter internacional.
Cualquier visitante se siente como en casa en la feria gallega. A las tradicionales empanadas, pulpos, quesos y orujos les acompañan los productos típicos de otras regiones españolas, como el pan payés vasco, una tostada con tomate, ajo, pimiento; chorizo y morcilla que alimenta a dos comensales por diez euros. También los helados valencianos, los quesos castellanos o las conservas de Santoña. Pero la fiesta se aliña con la gastronomía del resto del planeta: salchichas vienesas, cervezas alemanas, kebabs, pastas árabes y, por supuesto, pizzas.
Ocio y compras
Junto al régimen medieval, la oferta se complementa con los puestos de venta de toda clase de artículos: broches, relojes de coco, carteras, coleteros, sedas, cuero, tobilleras o amuletos contra el mal de ojo son solo algunos ejemplos. Y, para los más pequeños, muchos juguetes de antaño, como peonzas, máquinas de vapor o giróscopos.
Las fragancias que recorren los callejones del casco antiguo despiertan el deseo de cada piedra por convertirse en la esencia reina de la noche. Pero Santiago elige la de galán para fundirlas a todas en un abrazo de pasión en la época más fiel a su juventud.