
Compostela vuelve a sus orígenes
Artesanía, comida, obradoiros y espectáculos convivirán durante cuatro días y por segundo año consecutivo en las plazas del casco histórico con la feria medieval.
Víctor Cacho | Santiago – Fecha de publicación: 3/7/2009
Compostela vuelve a la época que la vio nacer. El casco histórico retoma las pulsaciones del siglo noveno y su corazón revive el sentir del medievo. Decenas de puestos de comida, artesanía y talleres de orfebrería o de alquimia perfumista visten de época la piedra de la ciudad vieja que, desde cada esquina, rezuma cariño y alegría. Una mezcla de sensaciones que inundarán hasta el domingo los cinco sentidos de las calles santiaguesas.
«¡Parrillada para dos!», se oye desde la praza da Quintana. La humareda indica, claramente, de dónde procede la petición. En la de Cervantes las escenas son parecidas, pero con patatas crujientes en aceite de oliva, servidas en cucuruchos a tres euros, o pan payés, unas típicas tostadas vascas con tomate, ajo, pimiento, chorizo y morcilla que alimentan a dos personas a cambio de un billete de diez. En la feria, la mayoría de los turistas se encontrarán como en casa: el pulpo, las empanadas, los embutidos, el orujo o el pan gallego comparten protagonismo con quesos manchegos o helados de Valencia. Tampoco podían faltar los productos internacionales como pizzas, kebabs, pastas árabes o cervezas y salchichas cien por cien alemanas.
Pero, a menudo, la curiosidad supera a la actitud tradicional y quienes se adentran en la feria no dudan en probar nuevos sabores. Desde su puesto de repostería, Patricia comenta que los visitantes compran mucho la tarta de Santiago. A la inversa, el intercambio alimenticio quizá se condimente más con una cierta pizca de morriña: «El salchichón que más vendemos es el de castañas, porque aquí gustan mucho», apunta Fede y Joaquín desde Cervantes.
La polémica
El feriante José Carlos Álvarez no entiende la queja generalizada de los comerciantes de la zona porque afirma que, «si la feria está bien montada, ayuda a incrementar el número de clientes para todos». El dueño de la tienda Colar, sin embargo, lo tiene claro: «Venden lo mismo que nosotros y nos perjudica porque no entran tanto», dice, tras indicar que no saldría a la calle aunque se lo propusiera el Ayuntamiento.
Teresa y Manolo lamentan, sin embargo, desde sus respectivos negocios, que el Concello no cuente con ellos para participar en estos cuatro días: «Todo el beneficio se va fuera», señala ella. Mientras, en un bar cercano, Javi confiesa que, «sin duda, con la feria aumenta el trabajo».
Un dragón, acompañado de unos trovadores, emerge de entre la multitud y mayores y pequeños dejan un estrecho margen para que continúe su paso. El olor a incienso invade los puestos de mitología, tarot y fragancias. La esencia Galán de noche asalta a Santiago por el recuerdo de una pasión en la época de su juventud.