
Un renglón más allá
Lejos de mí. Lejos de mi estado natural. El tiempo no se detiene: yo me detengo ante el tiempo. Quiero pensar, reflexionar, decidir, arriesgar, actuar. Ya es… ¿tarde?
Ojos y frente a escasos centímetros del verde esperanza que baña la pared de mi habitación. El resto de mi cuerpo, bajo las sábanas. Incertidumbre. Quién soy, por qué soy. Miedo. Miedos. Corren de arriba abajo, por la jaula. Les preguntas. Les das de comer, pero no responden. ¡Malditos!
Ducha… o taza de chocolate caliente con brisa veraniega en la terraza. No funciona. Abrasa, quema. No la reconoces, antes no era así… no me reconozco.
Vuelvo a la tierra. Pierna sobre la mesa, guitarra en mano. Todavía queda chocolate. Con música entra mejor.
Cerca, un teléfono. Marco. El nudo de la corbata, imposible de quitar, cede. No es para tanto. El camino más corto es la línea recta. Reímos. Quito mi casco de zapador, la luz entra a mansalva en aquella gruta sin salida. El agua fresca de las reservas de la cantimplora baja con júbilo dispuesta a saciar mi sed. Desde lo alto de la montaña se divisa todo tan bien…
Pico y pala, pero para subir.
