
Propinas y limosnas
23/01/2012Siempre me ha parecido muy curiosa la traducción literal de trinkgeld, ‘propina’ en alemán, que quiere decir algo así como ‘dinero para beber, para tomarte algo’. Cuando compras una botella, ya sea de plástico o de vidrio, pagas también el precio del envase o del casco. Si después lo devuelves en el establecimiento o lo llevas a unas máquinas que hay en los supermercados, recibes su importe. Es como una especie de recompensa, pero se trata del pfand, del valor del orden hasta en la separación de las basuras. Una medida de reciclaje medioambiental.
Por eso puede verse con frecuencia a mucha gente, la mayor parte rondando los 60 años, recogiendo las botellas que los berlineses dejan a conciencia en las calles, sobre todo en las zonas de marcha o donde se celebran los grandes acontecimientos. A veces te la piden tras dar tu último sorbo; otras, cuando ya conoces el ritmo de la ciudad, eres tú quien amablemente se la das. Aquí no se tira nada a la basura porque te perderías una sonrisa, el valor del mejor danke.
Normalmente, los jóvenes que se encuentran en su misma situación piden limosna en el metro vendiendo revistas, a través de desimprovisados conciertos que no por eso dejan de ser una maravilla, o incluso, como me ocurrió un día, recitando lo que entiendí que era, sí, una poesía. Apenas deduje alguna estrofa, el resto la disfruté escuchando cómo la leía. Cuando las vías rechinaban en una curva con ruidos ensordecedores, el vagón respondía con versos a su vez más altos.
Y es entonces en este punto cuando siempre confundo ‘propina’ y ‘limosna’. Porque esta ciudad no las embotella, sino que prefiere guardarlas en frascos de arte, cariño o solidaridad. Una medida de reciclaje humano.