Enseñarle las fotos que te hicieron tanta gracia cuando no estaba; acordarte de todo lo que sucedió para poder contárselo, incluso apuntando esos detalles con los que sabes que se reirá; compartir lo que sólo a ti debería de alegrarte: un regalo que te hicieron, un pantalón que te compraste, chocolate… para abrirlo, para estrenarlo, para ¡ñaaám! cuando te mire y encontrar, ahora sí, la felicidad.
La felicidad, tu canción favorita, tan difícil de encontrar cuando te suelta la mano en medio del concierto.
