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20/07/2010

… y seguiré pensando en la gaviota que murió allí y que, día tras día, las ruedas de los coches la desplumaban y despellejaban hasta perder sus patas, sus alas, su cuerpo, su pico, sus ojos, su todo… para desintegrarse literalmente de la carretera y desaparecer para siempre de este mundo.

Nada abstrae. No importa la música de la radio, ni el Ikea recién inaugurado a unos metros… no importa nada. Y no importa nada porque nada importa si un día dejo de pasar por allí. Y aunque continúe visitando su cementerio, tampoco importa, porque un día yo cambiaré el aquí por el allá y nada ni nadie la podrá recordar.

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Cap.1. En su mundo

16/07/2010

El movimiento de los visillos llamó su atención. El aire, que atravesaba las rendijas de la persiana del cuarto en donde leía, los hacía golpear una vez tras otra contra la pared. Así que apresuró el baile de sus pupilas, que se detuvieron con Alicia Scott tratando de averiguar quién era aquel misterioso hombre de chaqueta gris que se subió en el último tren de la estación de Salisbury, destino a Southampton.

Se levantó y entornó la ventana. Una ligera molestia en el hombro izquierdo le recordó aquellas sabias palabras de la profesora Engracia con las que insistía en adoptar una “posición rígida, levantando siempre la cabeza, antes de darnos de bruces con el futuro”. En fin, cincuenta minutos y el único gesto lo habían ejecutado dos dedos de su mano derecha, para pasar las hojas. Un gesto que, sin embargo, mientras se recostaba de nuevo en la cama, no reflejaba en absoluto la sensación de movimiento que estaba seguro que acababa de experimentar.

Eran las cinco y veinte de la tarde y, fuera, pegaba el sol con fuerza. Lucía un despejado día de verano y “todo el santo mundo” se encontraba “tirado absurdamente en la playa”. Dentro, la intensa luz roja del flexo era la única que permitía discernir la figura de esos “horribles cojines” que un día su madre se empepinó en comprar. Más allá, la silueta de dos estanterías y la de una bola del mundo que había respirado los nuevos aromas (a nuevo) de cuatro pisos diferentes en apenas dos años. “Sin duda, la bola del mundo más viajera”.

Diez minutos antes de lo previsto, los visillos se encontraban danzando al compás de Jeff Lorber. Bueno, al ritmo de la interpretación que, con su saxo, Sandra le “dedica” desde hace ya quince días.

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“Sentimentar”

12/06/2010

No sé lo que dice la canción, ni me hace falta saberlo. Solo me gustaría acostarme sobre esta melodía el día que me muera. Creo que no encuentro mejor manera de expresar lo que me gusta esta obra maestra del susurro. Llevaba toda mi vida detrás de ella y, por fin, la encontré. O ella me encontró. Con “gustar” no recojo todo lo que me dicen 2 minutos y 27 segundos. Con “gustar” no recojo todo lo que me aman 6 años, 9 meses, alguna hora, algún minuto y algunos segundos desde que la conocí. Por eso hablaré de “sentimentar” cuando escuche esta preciosidad. Por eso hablaré de “sentimentar” cuando te escuche, preciosidad.

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Como dos gotitas

18/05/2010

Como dos gotitas de agua que se abrazan al poco de nacer desde una nube muy lejana. Más grandes, más brillantes, más vivas.

Como dos gotitas que, a merced del viento, se precipitan irremediablemente hacia sus trágicos destinos. Pero sin miedo y cogidas muy fuerte de la mano. Hidrógenos en busca de su oxígeno para poder respirar.

Gotas de sudor efímero que moldean ese cuerpo tuyo del pecado en un retablo barroco de pasión. Gotas de ese aliento mío que clama volver a sentir, volver a besar, volver a vivir la gloria en el paraíso. ¡Oh, sí, Dios!

Como dos gotitas cayendo al vacío, empapadas de cariño, cargadas de emociones y empañadas en un amor eterno.

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A Vicky, por viajar conmigo desde hace tantísimo tiempo. Para que esas dos gotitas paseen algún día por Cancún

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Life and Death

29/04/2010

Abres los ojos con todas tus fuerzas en la más completa oscuridad. Hasta devorarla. Entonces, sonríes a las lágrimas del miedo que inundan tu almohada blanca, helada. El sudor enmudece y un suave escalofrío se acuesta en tu espalda.

Y sueñas con ese largo y profundo suspiro del que nunca en tu vida quisiste despertar. Y, con los ojos muy abiertos, lloras de alegría por aquella sonrisa, por aquella mirada, por aquella caricia, por vaya velada… hasta empapar tus sábanas en un cálido manto de felicidad.

Porque ahí, recostado en tu lecho, postrado en tu espalda, el eco de la melodía más linda sonará eternamente en tus mejores recuerdos, para bordarlos en oro, para bañarlos de plata.

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En seguida

22/04/2010

Vibra el teléfono. En seguida me doy cuenta de que se trata de una llamada y no de la alarma sonora que pongo a diario con la canción del Circo del Sol en versión remix, ‘Alegría’. Compruebo que mi devorador de sueños es el hotel y lo primero que pienso es que me he quedado dormido y que llego tarde. Pero en seguida reparo en que el reloj marca todavía las once de la mañana.

El teléfono sigue vibrando, enérgico sobre la mesilla. El ruido se hace insoportable, por lo que decido ponerlo encima de la revista que deshojé ayer antes de quedarme dormido para, así, suavizar sus efectos. Uno a cero y triunfo para el menda. Pero el tembleque continúa y, esta vez, parece que además quiere extenderse por mi cuerpo. Y es que, en seguida, mi cabeza trata de recordar, desesperadamente, si ayer la lié parda con alguna facturación.

Cojo el teléfono. Es Germaine. Me dice que en media hora viene un taxi a recogerlo para ir al aeropuerto y que a ver si nos vemos para despedirnos. Si puedo. Sí, claro que puedo.

En el trayecto hacia el hotel, mi mente ahora recuerda las canciones que retumbaban por toda la recepción. Repertorio que se repetía una y otra vez. En eso, es de los míos. Pero no, aunque estoy lesionado, no puedes jugar en mi equipo de fútbol con mi ficha. Nos pillan fijo, tío.

Un par de fotos, un par de abrazos, un regalo y al taxi. Luce un sol radiante pero, definitivamente, no se trata de la ‘Alegría’ del Circo del Sol. La tristeza aparece cuando merece la pena.

En fin, todo muy rápido, lo mejor para el dolor. Y, en seguida, decido escribir en mi propia revista. Para amortiguar el golpe y suavizar sus efectos, más que nada.

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“Ojalá no te hubiera conocido”

06/04/2010

La semana pasada, los periódicos gallegos inundaban sus titulares con la noticia del trágico naufragio del Kea, en el que murieron dos marineros. Doce de los trece supervivientes regresarán mañana a sus casas, en Filipinas. Germaine todavía tendrá que esperar para volver a Ghana.

En el hotel donde están alojados se les distingue enseguida a todos, porque todos llevan chanclas y a todos se les compró el mismo pijama en el Primark, con la camiseta azul oscura y el pantalón a cuadros. A partir de aquí nace la confusión de entre la docena de pequeños filipinos que suben y bajan las escaleras para ir a las habitaciones, a la cafetería o a la calle. Y en este mar de asiáticos emerge Germaine, alto, grande y el único chico negro que queda de la tripulación. Inconfundible.

De un día para otro, todos traspasaron las portadas de los periódicos y se convirtieron en parte de mi vida. Tranquilos, educados, pacientes. Advierto que algunos todavía con el miedo y la angustia en el cuerpo, sobre todo por sus familias.

Germaine se pasa largos ratos en el ordenador, conectado a Facebook y poniendo música, principalmente rap, que es lo que le gusta, aunque también pone “canciones melodiosas para cantarle a las chicas al oído”. Ésta es una de sus favoritas:

Ríe. Río. Charlamos y me dice que tengo un trabajo genial porque estoy de cara al público, en contacto con la gente. Nos entendemos en inglés, aunque el sabe alguna palabra española. Viene gente. Germaine espera de pie a que termine de atenderla. Si tardo mucho me hace un gesto de que vuelve al ordenador y de que hablamos más tarde.

Y te repites que ojalá no hubiera sucedido. Y te preguntas si quizá lo hubieses conocido. Y, mientras disfrutas de las horas que pasa a tu lado en el trabajo, contando mil historias acerca de su país, la política, el próximo Mundial de Fútbol de Sudáfrica, las chicas y los cientos de lugares que ha visitado, lo miras y fríamente piensas: “No, ojalá no te hubiera conocido”. Porque, además, te irás, y apuesto a que no nos volveremos a ver.

Sí, Germaine, como dices, tengo un trabajo genial. Dentro, por mis compañeros de trabajo. Fuera, por saber que existe gente como tú, amigo. Ya iba contento a trabajar, pero estos días sonrío más que nunca gracias a ti.

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LN Granada

09/03/2010

No es vagancia, porque cuando escucho una canción que me gusta puedo llegar a ponerla, sin exagerar, hasta veinte veces seguidas. Más bien me considero práctico, y para la música cada día lo soy más. Me quedo anclado en un grupo, como me ocurre con Coldplay, y de ahí no me sacan. Es lo mejor y punto. Es tu peluche favorito. Sin embargo, ¡dónde quedan Cranberries y Bryan Adams…! Eso sí, ¡los recuerdas con tanto cariño…! Y de una forma un tanto absurda, te da rabia que la gente hable de ellos, los escuche y hasta les guste… ¡Por favor! ¡Si fueron tus grupos…! ¡A ti te gustan más… y punto! Y por otro lado, ¿qué ocurre, por ejemplo, con Muse? Entonces… ¿destrono a Coldplay? *suspiro* ¡Qué más da! total… ¿desde cuándo impera la monarquía en la música?

Pero siempre conoces a alguien que tiene un gusto similar o que conoce lo que te apasiona. Y así, si ya te costaba descubrir grupos, todavía te vuelves más práctico, a la espera de que llegue la carta con la información precisa. Con aquella que sabes que no te defraudará. Aunque la música está al alcance de un clic, tú esperas, como siempre, por el sello de ese alguien que sabes que mantendrá tu atmósfera favorita dentro del buzón. Porque no quieres perturbar esa estética, ese deje, esa armonía, esa voz que te llena. Últimamente, de entre toda la música que me llega al correo (de Mando Diao y de Supersubmarina, que es el grupo que toca esta canción), el remitente lleva el nombre de Mr. Zumbe. Así que gracias. No sé si para un Marco Polo de la música existe el celo pero, en todo caso, no quiero quitarte tus grupos. De ahí la mención (que ya debía haber venido de antes, cuando me acordé de Mr. Moon y no de ti).

Esta es la sexta vez que escucho LN Granada y ya la subo al blog. Me quedan, al menos, catorce repeticiones más, aunque sean las 2.45 de la madrugada. Y aún no sé (ni sabré) lo que dice la canción. Es la sensación que me produce escuchar una canción lo que me engancha a ella.* Mañana mojaré las galletas en una atmósfera de 3 minutos y 12 segundos, que se multiplicará de nuevo por veinte. Y por cuarenta. Y por 120 cuando vaya por la carretera del último decibelio que mi oído pueda soportar… “Na-na-naaaaaa nanana nanananaaaaaaaa……..”

* Quiero decir que esta canción, tarareada, me gusta exactamente igual. Remito al post “Tarareen”, en el que explico mi teoría.

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El drugo y la droga

03/03/2010

Agonizaba. Expiraba hasta la última gota de mi cuerpo en una mezcla entre lamento, por mi pésimo estado, e ira, por el maldito garrafón que me habían servido en nombre del mismísimo Jack.

Sin alegría, sin trabajo, sin sustento. Comenzaba el año de bar en bar, aprovechando hasta el último trago de aliento para tratar de disfrutar cada momento. Pasaban los días, pasaban los garitos, y yo me ahogaba en el tiempo, lento, lento, lento.

Pero entonces llegó ella. Una encantadora taberna se posaba ante mí mostrándome esa pequeña rendija que nos lleva al otro yo… ¡Oh, gracias, divina comedia! ¡Sin ti no lo hubiera conseguido! Ver tanta droga junta en tu local me espantó y me hizo cambiar radicalmente. Fue como una exhalación por una vida mejor, como una ventana hacia un futuro prometedor.

Conseguí curro. Un día, como tantas otras veces, me acerqué por allí después de trabajar. La verdad es que no podía dormir bien. Tenía remordimientos de conciencia cuando pensaba en aquella taberna y en esas pobres gentes que acudirían allí y que, pronto, verían sus vidas desplazadas a otro lugar por el consumo de tanta droga. Un desguace. Un depósito de coches convertido en un depósito de cadáveres.

La cuestión es que esta historia ya me rayaba bastante y, además, no pintaba nada bien. Nunca fui un gran artista, pero si algo no me gusta, gorro de drugo y a pintar la mona a otra parte. Así nacen los Van Goghs, Tizianos, Renoirs… Si pintas la mona ahí mismo, la pintas con vehemencia. Así nacen Pablo y Xsara Picassos Kyron… Así nació el amor entre el drugo y la droga. Sin embargo, he de decir que esta vez el drugo quedó  a un lado y a la cita acudí solo yo, con un traje para la ocasión, porque había que ir elegante y dejar una buena impresión. Hacer un buen traje para convertir mi vehículo de expresión en un vehículo de ocasión.

Esta taberna, desde hoy, no la quiero volver a ver ni en pintura. Él quizá sí. La droga consume al drugo y el drugo combate a la droga. Tan solo necesita su gorro y el mono de trabajo para ponerse manos a la obra. Y, por supuesto, la llave que le permita abrir las puertas de su felicidad. De clase va ultrasobrao… ¡Él sí que es un artista!

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Mr MooN

18/02/2010

Con un buen toque Beatle… adoro esta canción.

Grande, Mando Diao

- Ah, con la letra, como siempre, no me he parado a saber qué dice. Me da igual. Aunque fuera en castellano, mi oído actúa igual, quedándose en la voz y en la música. El idioma no puede ser frontera para que guste una canción. El vídeo que cuelgo podría ser una contradicción, ya que solo hay letra. Pero se debe a razones técnicas: el videoclip da problemas a la hora de cargarlo y, además, este vídeo se oye mejor.